domingo, 1 de junio de 2014

Un día el Miedo llamó a la puerta. Abrió el Amor, y fuera ya no había nadie.

EL MIEDO
 

CÓMO NACE Y CÓMO SE TRASCIENDE


2. DEFINICIONES

La palabra miedo proviene del latín metus.
El miedo es definido clínicamente  como una perturbación  angustiosa  del ánimo debido a un riesgo o daño real o imaginario. Es también un recelo o aprensión que alguien tiene de que le suceda algo contrario a lo que desea.

El miedo o temor es una emoción caracterizada por un intenso sentimiento habitualmente desagradable,  provocado por la percepción de un peligro, real o supuesto, presente, futuro o incluso pasado. Es una emoción primaria que se deriva de la aversión natural al riesgo o la amenaza.
   
   
•  Desde  el punto  de  vista  biológico,  el miedo  es  un  esquema  adaptativo,  y constituye  un mecanismo  de supervivencia  y de defensa, surgido para permitir al individuo responder ante situaciones adversas con rapidez y eficacia. En ese sentido, es normal y beneficioso para el individuo y para su especie.

•  Desde  el  punto  de  vista  neurológico  es  una  forma  común  de  organización  del  cerebro primario de los seres vivos, y esencialmente consiste en la activación de la amígdala cerebral, situada en el lóbulo temporal.

•  Desde el punto de vista psicológico, es un estado afectivo y emocional, necesario para la correcta adaptación del organismo al medio, que provoca angustia en la persona.

•  Desde el punto de vista social y cultural,  el miedo puede formar parte del carácter  de la persona o de la organización social. Se puede por tanto aprender a temer objetos o contextos, y también  se  puede  aprender  a  no  temerlos;  se  relaciona  de  manera  compleja  con  otros sentimientos (miedo al miedo, miedo al amor, miedo a la muerte, miedo al ridículo) y guarda estrecha relación con los distintos elementos de la cultura.

•  Desde una perspectiva más holística y transpersonal, y refiriéndonos no al miedo sano sino al tóxico, el miedo no guarda ninguna relación fisiológica (como reacción de alerta), sino que es un producto de la mente y por tanto aprendido. Este miedo solo existe en nuestra mente, en nuestro imaginario y es alimentado por él.
Fisiología, psicología y bioquímica del miedo

El  miedo  es  un  producto  emocional  del  cerebro.  El  mecanismo  que  desata  el  miedo  se encuentra, tanto en personas como en animales, en el sistema límbico del cerebro, que es el encargado de regular las emociones, la lucha, la huida y la evitación del dolor, y en general de todas  las  funciones  de  conservación  del  individuo  y de  la  especie.  Este  sistema  revisa  de manera constante (incluso durante el sueño) toda la información que se recibe a través de los sentidos,  y  lo  hace  mediante  la  estructura  llamada  amígdala  cerebral,  que  controla  las emociones básicas, como el miedo y el afecto, y se encarga de localizar la fuente del peligro. Cuando  la  amígdala  se  activa  se  desencadena  la  sensación  de  miedo  y  ansiedad,  y  su
respuesta puede ser la huida, el enfrentamiento o la paralización. Es interesante señalar que el miedo al daño físico provoca la misma reacción que el temor a un dolor psíquico.
La extirpación de la amígdala parece eliminar el miedo en animales, pero tal cosa no sucede en humanos (que a lo sumo, cambian su personalidad y se hacen más calmados), en los que el mecanismo del miedo y la agresividad es más complejo e interactúa con la corteza cerebral y otras partes del sistema límbico.

El  miedo  produce  cambios  fisiológicos  inmediatos:  se  incrementa  el  metabolismo  celular, aumenta  la  presión  arterial,  la  glucosa  en  sangre  y  la  actividad  cerebral,  así  como  la coagulación  sanguínea.  El  sistema  inmunitario  se  detiene  (al  igual  que  toda  función  no esencial), la sangre fluye a los músculos mayores (especialmente a las extremidades inferiores, en  preparación  para  la  huida)  y  el  corazón  bombea  sangre  a  gran  velocidad  para  llevar hormonas a las células (especialmente adrenalina). También se producen importantes modificaciones  faciales:  agrandamiento  de los  ojos  para  mejorar  la visión,  dilatación  de las pupilas   para   facilitar   la  admisión   de  luz,  la  frente   se  arruga   y  los  labios   se  estiran horizontalmente. (Estos efectos no tienen por qué darse siempre ni ser los mismos siempre, eso varía en cada persona y momento.)



El susto es la respuesta de la mente y el cuerpo a un estímulo repentino e inesperado, es un reflejo. Esta es la primera respuesta ante el estímulo y es percibida por sentidos, una respuesta sensorial. En cambio el miedo, que es posterior al susto, entra por los pensamientos ya que son construcciones  mental. Ambos,  susto y miedo, son emociones  reales, se sienten, aunque el estímulo  que  provocó  el  susto  no  sea  peligroso  y  el  origen  del  miedo  sea  imaginario.  La diferencia  es  que  el  susto  es  una  respuesta  automática  ante  un  estímulo  concreto,  no  se piensa, solo se siente desde la parte más animal y solo por un determinado período de tiempo. Luego, cuando la mente empieza a pensar sobre lo que pasó y sobre lo que pudo pasar y no pasó  o  lo  asocia  con  algún  otro  acontecimiento  del  pasado,  es  cuando  entra  el  miedo, produciendo  una sucesión  encadenada  de pensamientos  negativos  que pueden  llegar a ser altamente tóxicos.
El susto es entonces un reflejo natural que nace en la parte más primitiva del cerebro, tanto de seres humanos  como de animales, para alertar de un peligro (que puede ser real o no); en cambio el miedo es un proceso  mental y aprendido.  No nacemos  con miedos, sino que los aprendemos, es por tanto un sentimiento propiamente humano.

Percepción  Susto
Imaginación  Miedo

Miedo sano y miedo tóxico

Llamamos  comúnmente  miedo  a las maneras  normales  que  tenemos  para  responder  hacia peligros que percibimos, ya sean éstos reales o imaginados. Pero miedo y peligro son cosas diferentes. Hablamos de peligro cuando existe un riesgo real para la salud física o mental, para las relaciones, las finanzas o el entorno. En cambio, miedo (en su nivel tóxico) tiene que ver con esa  sensación  paralizante  que  nos  bloquea,  que  inhibe  nuestras  capacidades  físicas  o psicológicas y nos impide disfrutar de la vida. A algunas personas les da miedo por ejemplo, hablar en público, conducir, conocer gente nueva, la oscuridad, las arañas, decir “te quiero” o la
intimidad.  Ninguna  de estas cosas suponen  un peligro real. Estas emociones  tan fuertes de miedo que se producen ante hechos que no son peligrosos, son miedos irracionales que se han ido aprendido  a lo largo de la vida y que nos alejan de la felicidad y del bienestar y limitan nuestra vida.

Freud hablaba de dos tipos de miedo, el miedo real y el miedo neurótico. En el primero existe un peligro real, verdadero, ante el cual corre riesgo la integridad de la persona. Podemos decir que es un miedo racional, de alerta. El otro miedo, el neurótico, es irracional. No hay peligro real que pueda suponer una amenaza para la vida sino que se siente ante algo que no existe, es un miedo que nace de la imaginación y se traduce en sensaciones y sentimientos que paralizan o impiden tomar acciones concretas. En el fondo, en el miedo neurótico, a lo que se tiene miedo es a uno mismo.

Según Jorge Bucay “el miedo es causa y consecuencia de la conducta neurótica, y hasta cierto punto es también su definición, porque el miedo condiciona, limita, restringe, empequeñece y distorsiona.”
También señala que ambos miedos, el sano y el tóxico son inventos del pensamientos, ideas imaginarias y desagradables de algo que podría llegar a suceder en el futuro y que no se desea que suceda. Pero mientras uno nos ayuda, nos protege y nos conduce a la reflexión el otro nos enferma, nos limita y nos conduce a la parálisis.

Hay entonces muchos ‘grados’ de miedos que conforman una amplia gama de emociones que van  desde  una  leve  sensación  de  alerta  y  precaución,  pasando  por  la  incomodidad,  la resistencia y el respeto, hasta llegar al terror y a miedos irracionales, limitantes y paralizantes que pueden desencadenar fobias y ataques de pánico o ansiedad.

3. EL MIEDO TÓXICO

El miedo que me interesa investigar y al que me referiré a partir de ahora es el miedo tóxico, esos miedos irracionales que nacen y crecen como fantasmas en nuestra mente limitándonos y condicionándonos.

Llegamos a este mundo vibrando con el Amor, sin miedos. Los miedos los vamos aprendiendo. Nuestra   sociedad   es   tremendamente   represora,   el   miedo   está   presente   en   todos   las instituciones:  Estado,  familia,  sistema  educativo,  religión,  etc.  Algunas  instituciones  como  el Estado y la religión funcionan con el miedo y sobreviven gracias al temor que infunden. Se nos enseña a tener “respeto” a nuestros superiores, y el respeto es solo otra manera de nombrar al miedo, es una variante del miedo.
Hay teorías  que hablan  de una “memoria  celular”,  de información  que traemos  en nuestros
genes al momento de nacer y en la que pueden venir “programas de miedos”. En estos casos la persona tiene más predisposición a sentir miedo y vivir con ellos, pero estos son siempre aprendidos.

Los primeros en transmitirnos miedo son nuestros padres ya que son los primeros seres con los que nos relacionamos. No son concientes que nos están enseñando a tener miedo, lo hacen así porque es lo que han aprendido. Y al enseñarnos  a tener miedo no nos están enseñando  a amar. Aunque parece que lo que hacen lo hacen por amor, en realidad es por todos los miedos que ellos también tienen. El más grande de esos miedo es el de la pérdida del ser querido, lo que lleva a querer proteger y cuidar del hijo para que nada le suceda. Ideas muy repetidas como  “ten  cuidado”  “no  hagas  esto  que  podría  sucederte  aquello”  más  que  proteger  van creando sensaciones de inseguridad y peligro en nuestro subconsciente,  que deriva luego en miedos irracionales.

El miedo es como un fantasma que vive en nuestra mente y es alimentado por nuestros pensamientos, cuanto más pensamos más miedo sentimos, más monstruos vemos y más limitaciones tenemos.

Como dice Enrique Barrios en Ami, el niño de las estrellas, “la imaginación sin control puede matar de terror, es capaz de inventar un demonio donde solo hay un buen amigo, pero solo se trata de nuestras pesadillas, porque la realidad es sencilla y hermosa, es simple…”

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