EL MIEDO
CÓMO NACE Y CÓMO SE
TRASCIENDE
2. DEFINICIONES
La palabra miedo
proviene del latín metus.
El miedo es
definido clínicamente como una
perturbación angustiosa del ánimo debido a un riesgo o daño real o
imaginario. Es también un recelo o aprensión que alguien tiene de que le suceda
algo contrario a lo que desea.
El miedo o temor es
una emoción caracterizada por un intenso sentimiento habitualmente
desagradable, provocado por la
percepción de un peligro, real o supuesto, presente, futuro o incluso pasado.
Es una emoción primaria que se deriva de la aversión natural al riesgo o la
amenaza.
• Desde
el punto de vista
biológico, el miedo es
un esquema adaptativo,
y constituye un mecanismo de supervivencia y de defensa, surgido para permitir al
individuo responder ante situaciones adversas con rapidez y eficacia. En ese
sentido, es normal y beneficioso para el individuo y para su especie.
• Desde
el punto de
vista neurológico es
una forma común
de organización del
cerebro primario de los seres vivos, y esencialmente consiste en la
activación de la amígdala cerebral, situada en el lóbulo temporal.
• Desde el punto de vista psicológico, es un
estado afectivo y emocional, necesario para la correcta adaptación del
organismo al medio, que provoca angustia en la persona.
• Desde el punto de vista social y
cultural, el miedo puede formar parte
del carácter de la persona o de la
organización social. Se puede por tanto aprender a temer objetos o contextos, y
también se puede
aprender a no
temerlos; se relaciona
de manera compleja
con otros sentimientos (miedo al
miedo, miedo al amor, miedo a la muerte, miedo al ridículo) y guarda estrecha
relación con los distintos elementos de la cultura.
• Desde una perspectiva más holística y
transpersonal, y refiriéndonos no al miedo sano sino al tóxico, el miedo no
guarda ninguna relación fisiológica (como reacción de alerta), sino que es un
producto de la mente y por tanto aprendido. Este miedo solo existe en nuestra
mente, en nuestro imaginario y es alimentado por él.
Fisiología,
psicología y bioquímica del miedo
El miedo
es un producto
emocional del cerebro.
El mecanismo que
desata el miedo
se encuentra, tanto en personas como en animales, en el sistema límbico
del cerebro, que es el encargado de regular las emociones, la lucha, la huida y
la evitación del dolor, y en general de todas
las funciones de
conservación del individuo
y de la especie.
Este sistema revisa
de manera constante (incluso durante el sueño) toda la información que
se recibe a través de los sentidos,
y lo hace
mediante la estructura
llamada amígdala cerebral,
que controla las emociones básicas, como el miedo y el
afecto, y se encarga de localizar la fuente del peligro. Cuando la
amígdala se activa
se desencadena la
sensación de miedo
y ansiedad, y su
respuesta puede ser
la huida, el enfrentamiento o la paralización. Es interesante señalar que el
miedo al daño físico provoca la misma reacción que el temor a un dolor
psíquico.
La extirpación de
la amígdala parece eliminar el miedo en animales, pero tal cosa no sucede en
humanos (que a lo sumo, cambian su personalidad y se hacen más calmados), en
los que el mecanismo del miedo y la agresividad es más complejo e interactúa
con la corteza cerebral y otras partes del sistema límbico.
El miedo
produce cambios fisiológicos
inmediatos: se incrementa
el metabolismo celular, aumenta la
presión arterial, la
glucosa en sangre
y la actividad
cerebral, así como
la coagulación sanguínea. El
sistema inmunitario se
detiene (al igual
que toda función
no esencial), la sangre fluye a los músculos mayores (especialmente a
las extremidades inferiores, en
preparación para la
huida) y el
corazón bombea sangre
a gran velocidad
para llevar hormonas a las células
(especialmente adrenalina). También se producen importantes modificaciones faciales:
agrandamiento de los ojos
para mejorar la visión,
dilatación de las pupilas para
facilitar la admisión
de luz, la
frente se arruga
y los labios
se estiran horizontalmente.
(Estos efectos no tienen por qué darse siempre ni ser los mismos siempre, eso
varía en cada persona y momento.)
El susto es la
respuesta de la mente y el cuerpo a un estímulo repentino e inesperado, es un
reflejo. Esta es la primera respuesta ante el estímulo y es percibida por
sentidos, una respuesta sensorial. En cambio el miedo, que es posterior al
susto, entra por los pensamientos ya que son construcciones mental. Ambos, susto y miedo, son emociones reales, se sienten, aunque el estímulo que
provocó el susto
no sea peligroso
y el origen
del miedo sea
imaginario. La diferencia es
que el susto
es una respuesta
automática ante un
estímulo concreto, no se
piensa, solo se siente desde la parte más animal y solo por un determinado
período de tiempo. Luego, cuando la mente empieza a pensar sobre lo que pasó y
sobre lo que pudo pasar y no pasó o lo
asocia con algún
otro acontecimiento del
pasado, es cuando
entra el miedo, produciendo una sucesión
encadenada de pensamientos negativos
que pueden llegar a ser altamente
tóxicos.
El susto es
entonces un reflejo natural que nace en la parte más primitiva del cerebro,
tanto de seres humanos como de animales,
para alertar de un peligro (que puede ser real o no); en cambio el miedo es un
proceso mental y aprendido. No nacemos
con miedos, sino que los aprendemos, es por tanto un sentimiento
propiamente humano.
Percepción Susto
Imaginación Miedo
Miedo sano y miedo
tóxico
Llamamos comúnmente
miedo a las maneras normales
que tenemos para
responder hacia peligros que
percibimos, ya sean éstos reales o imaginados. Pero miedo y peligro son cosas
diferentes. Hablamos de peligro cuando existe un riesgo real para la salud
física o mental, para las relaciones, las finanzas o el entorno. En cambio,
miedo (en su nivel tóxico) tiene que ver con esa sensación
paralizante que nos
bloquea, que inhibe
nuestras capacidades físicas
o psicológicas y nos impide disfrutar de la vida. A algunas personas les
da miedo por ejemplo, hablar en público, conducir, conocer gente nueva, la
oscuridad, las arañas, decir “te quiero” o la
intimidad. Ninguna
de estas cosas suponen un peligro
real. Estas emociones tan fuertes de
miedo que se producen ante hechos que no son peligrosos, son miedos
irracionales que se han ido aprendido a
lo largo de la vida y que nos alejan de la felicidad y del bienestar y limitan
nuestra vida.
Freud hablaba de
dos tipos de miedo, el miedo real y el miedo neurótico. En el primero existe un
peligro real, verdadero, ante el cual corre riesgo la integridad de la persona.
Podemos decir que es un miedo racional, de alerta. El otro miedo, el neurótico,
es irracional. No hay peligro real que pueda suponer una amenaza para la vida
sino que se siente ante algo que no existe, es un miedo que nace de la
imaginación y se traduce en sensaciones y sentimientos que paralizan o impiden
tomar acciones concretas. En el fondo, en el miedo neurótico, a lo que se tiene
miedo es a uno mismo.
Según Jorge Bucay
“el miedo es causa y consecuencia de la conducta neurótica, y hasta cierto
punto es también su definición, porque el miedo condiciona, limita, restringe,
empequeñece y distorsiona.”
También señala que
ambos miedos, el sano y el tóxico son inventos del pensamientos, ideas
imaginarias y desagradables de algo que podría llegar a suceder en el futuro y
que no se desea que suceda. Pero mientras uno nos ayuda, nos protege y nos
conduce a la reflexión el otro nos enferma, nos limita y nos conduce a la
parálisis.
Hay entonces muchos
‘grados’ de miedos que conforman una amplia gama de emociones que van desde
una leve sensación
de alerta y
precaución, pasando por
la incomodidad, la resistencia y el respeto, hasta llegar al
terror y a miedos irracionales, limitantes y paralizantes que pueden
desencadenar fobias y ataques de pánico o ansiedad.
3. EL MIEDO TÓXICO
El miedo que me
interesa investigar y al que me referiré a partir de ahora es el miedo tóxico,
esos miedos irracionales que nacen y crecen como fantasmas en nuestra mente
limitándonos y condicionándonos.
Llegamos a este
mundo vibrando con el Amor, sin miedos. Los miedos los vamos aprendiendo.
Nuestra sociedad es
tremendamente represora, el
miedo está presente
en todos las instituciones: Estado,
familia, sistema educativo,
religión, etc. Algunas
instituciones como el Estado y la religión funcionan con el
miedo y sobreviven gracias al temor que infunden. Se nos enseña a tener “respeto”
a nuestros superiores, y el respeto es solo otra manera de nombrar al miedo, es
una variante del miedo.
Hay teorías que hablan
de una “memoria celular”, de información que traemos
en nuestros
genes al momento de
nacer y en la que pueden venir “programas de miedos”. En estos casos la persona
tiene más predisposición a sentir miedo y vivir con ellos, pero estos son
siempre aprendidos.
Los primeros en
transmitirnos miedo son nuestros padres ya que son los primeros seres con los
que nos relacionamos. No son concientes que nos están enseñando a tener miedo,
lo hacen así porque es lo que han aprendido. Y al enseñarnos a tener miedo no nos están enseñando a amar. Aunque parece que lo que hacen lo
hacen por amor, en realidad es por todos los miedos que ellos también tienen.
El más grande de esos miedo es el de la pérdida del ser querido, lo que lleva a
querer proteger y cuidar del hijo para que nada le suceda. Ideas muy repetidas
como “ten cuidado”
“no hagas esto
que podría sucederte
aquello” más que
proteger van creando sensaciones
de inseguridad y peligro en nuestro subconsciente, que deriva luego en miedos irracionales.
El miedo es como un
fantasma que vive en nuestra mente y es alimentado por nuestros pensamientos,
cuanto más pensamos más miedo sentimos, más monstruos vemos y más limitaciones
tenemos.
Como dice Enrique
Barrios en Ami, el niño de las estrellas, “la imaginación sin control puede
matar de terror, es capaz de inventar un demonio donde solo hay un buen amigo,
pero solo se trata de nuestras pesadillas, porque la realidad es sencilla y
hermosa, es simple…”
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